Friday, July 3, 2015

(Des)Vida



Dirán que deliro. Y de pronto sí. No me culpen. Bien estamos si solo deliramos. Pero hay algo que se me sigue repitiendo. Y es que creo que hasta el más ingenuo que le haya dedicado alguna reflexión a esta crisis económica tiene que haber pensado -así fuera fugaz, ambiguamente- sobre una nueva posibilidad de independencia para Puerto Rico.

No lo digo exactamente yo. Me lo dice algo que es otra cosa: esa especie de información sanguínea, linfática, radiográfica. No puede explicarse cabalmente pero hay algo ahí -una estela en el pensamiento- que vuelve a traerme la idea de la independencia política, no como ilusión sino como solución. Como única salida decorosa a este nido de embrollos.

Todo el que le haya dedicado un pensamiento a esta crisis tiene que saber que la colonia como (des)vida política puertorriqueña, en efecto, colapsó, incluso antes de lo anticipado. La vida artificial del ELA no duró más de un suspiro. El resto ha sido desvida.

El problema con la independencia es que ni siquiera sus líderes parecen querer convencer a nadie de su relevancia en el momento histórico de mayor pertinencia. Están muy ocupados convenciendo a Venezuela, Cuba y Nicaragua. No los culpo. Eso les funcionó por mucho tiempo. Han logrado más simpatías en la escena internacional que en la nacional.

Pero ahora que el elefante rosado está en medio de la sala, que es cada vez más obvia la inviabilidad económica y política de Puerto Rico como colonia. Ahora que la independencia es más pertinente que nunca, ¿cuándo vamos a presentársela al País como una alternativa real, posible, fructífera? ¿La haremos viable o seguiremos elevándola a “isla doncella”, “flor cautiva”, izando una bandera cada 23 de septiembre en alimentación de un exiguo imaginario patriótico?

Hay muchas formas de ser libre. Ante la crisis, yo no podré liberar al país de sus deudas e infamias. Pero me comprometo a no seguir permitiendo mi propia explotación. Vivir para vivir la independencia.