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Friday, February 5, 2016

Felicitaciones



Yo quisiera saber cuál era la celebración del secretario de Justicia y el jefe de los fiscales en su conferencia sobre los supuestos “esclarecimientos” de los crímenes de Francelis Ortiz y Shakira Sánchez. 
Una sumida en un estado de catatonia y dolor profundo y estos señores -que se supone sean de lo mejorcito que tiene este gobierno- te empujan una conferencia de prensa en la que, en lugar de rendir cuentas, se dedican a felicitarse entre ellos por haber hecho el trabajo que se supone hagan todos los días. 
¿Qué es lo que celebra, señor secretario de Justicia? ¿Que en 2015, en el barrio Guzmán Arriba donde asesinaron a Francelis, se registró un asesinato, 15 escalamientos, 15 apropiaciones ilegales, el hurto de un vehículo, robos domiciliarios con una persona herida y la Policía no esclareció un solo delito? ¿Que tuvimos que perder a Francelis para que la Policía que usted tanto defiende decidiera hacer algo en ese sector de alta incidencia criminal? 
¿Por qué en lugar de auto-felicitarse no rinden cuentas? ¿Por qué no nos explican por qué Francelis tuvo que morir cuando la Policía ya sabía de esa banda criminal que actuaba en ese brevísimo sector y no hizo nada? ¿Por qué no dice por qué esos arrestados tienen una retahíla de sospechas de delitos a cuestas y ningún expediente criminal? ¿Por qué ninguna víctima del crimen en Guzmán Arriba fue lo suficientemente meritoria del empeño y la atención de la Policía antes del asesinato de la fiscal Ortiz? 
En este país las víctimas de delitos van a la Policía y lo que escuchan es: “me tienes que traer los testigos”, como si ellas fueran responsables de la investigación. Eso en los mejores escenarios, porque la norma es que te digan que no hay patrullas, que no hay recursos, que no le corresponde a este cuartel sino al otro de más allá. 
Sumémosle que lo poco que se hace no sigue los protocolos constitucionales y los casos se les caen en el proceso judicial. Por eso somos la Isla de la impunidad. Y todavía hay que tragarse a estos señores felicitándose, pasándose la mano. Qué babilla.

Friday, June 3, 2011

El poeta


Los países son como la gente, cada cual con el peso de su historia pero, sobre todo, con sus formas de cargar con él. Recuerdo haber ido a Chile y Argentina en 2003. Y haberme regresado con la impresión de que Chile era un caracol y Argentina una concha abierta.

Dos países tan cercanos y con una historia contemporánea tan tétricamente similar, eran sin embargo dos mundos opuestos en la carga de sus desgracias. En ambos, los efectos de dos de las dictaduras más sanguinarias de América fueron absolutamente devastadores. Pero en Chile, era como si el dolor se llevara por dentro; latente, mas profundamente soterrado. En Argentina se sentía como un dolor frontal, una herida abierta y visible; compartida, manejada.

Ahora que han pasado 38 años del Golpe en Chile, se está reescribiendo la historia de ese país. Se ha exhumado el cadáver del presidente Salvador Allende para revelar al fin la gran incógnita de estos años: ¿Quién le disparó? ¿Lo asesinaron los golpistas o se disparó él mismo, arrinconado como estaba y sin salida? (Existe un sonido del general Pinochet asegurando la muerte a Allende ese mismo día. “Lo montamos en un avión -dijo- pero el avión se cae”).

La reescritura chilena es más grande aún. Hay testimonios importantes de que la muerte del Nobel Pablo Neruda pudo haber sido otro asesinato de la dictadura. Siempre me resultó tan extraño que Pablo Neruda hubiese muerto justo 12 días después del Golpe, el 23 de septiembre de 1973.

No sé si realmente existan bálsamos contra los crímenes de la muerte. Pero leyendo la noticia, no pude sino empuñar los propios decretos del poeta, en el consuelo tibio de una abstracción lírica contra una aberración de facto, contra la irreversibilidad de la muerte, contra la crueldad de todo: “He vivido tanto que un día/tendrán que olvidarme por fuerza,/borrándome de la pizarra:/mi corazón fue interminable./Pero porque pido silencio/no crean que voy a morirme:/me pasa todo lo contrario:/sucede que voy a vivirme”.

Acaso como escribió en Confieso que he vivido, cuyo manuscrito se salvó de milagro de los golpistas: “Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras”.