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Wednesday, September 21, 2011

Ambidiestro


A veces debo verlo ahí parado frente a las cámaras. Es una de las actividades más repulsivas pero, al mismo tiempo -extrañamente- siempre hay algo que me incita a inspeccionarlo. Si pudiera, le quitaría el audio a la tele (total, lo verdaderamente interesante es lo que no dice) y analizaría tan solo su imagen de hombre inexpresivo, aburrido hasta la médula, siempre incómodo en cualquier escenario.

Cada vez lo siento más inseguro, como si nunca tuviera certeza de nada de lo que dice. Parece un gobernador de “brief”. Le van resumiendo las cosas pero él no domina nada en profundidad. Mientras más incierto, más contrae el rostro asumiendo toda la seriedad del mundo. Es una seriedad sin carácter. Un estreñimiento realmente. Es un hombre desabrido que ni siquiera da una señal de aspirar a salir de su insipidez.
Pero lo peor de todo es que, con su carita de inapetente, el gobernador de Puerto Rico actúa exactamente como los maltratantes más clásicos en los casos de violencia doméstica.

La semana pasada, en una especie de código ambidiestro, el Gobernador parecía decirles (muy con las muelas de atrás) a sus superiores en el Departamento de Justicia federal que no tardaría en implantar una reforma en la Policía a raíz del devastador informe rendido por esa agencia en torno a las crasas y sistemáticas violaciones de derechos civiles de la uniformada puertorriqueña. Y sin embargo, al referirse a los policías como “héroes” y coronar su malestar público con el nombramiento de Marcos Rodríguez Pujadas para “supervisar” la violencia policíaca, el Gobernador envía un mensaje furtivo pero muy claro a quienes protestan en este país. Como quien dice: “Ahora sí que se van a joder”. Al mando del hombre que “sacaría a patadas” a los estudiantes de la Universidad -el verdadero constructor del terror desde Fortaleza- la reforma de la Policía es una gran farsa.

Como los agresores clásicos, delante del “supervisor” que viene a pedir cuentas, el Gobernador dice: “Oh, cómo la amo. Esto no volverá a ocurrir”. Y tan pronto como se voltea, nos cae a golpes dos veces. Primero por lo que ya nos merecíamos y, segundo, por habernos atrevido a dar la queja.

Sunday, May 16, 2010

Sombras nada más



Siempre está la tentación de pensar que el gobernador de turno es lo peor que ha pasado por el país. No voy a caer en esta trampa. ‘Lo peor’ es un concepto demasiado absoluto y un tanto complicado. Pero hay cosas que están ahí, que son evidentes y perturban la historia.
No sé si éste será o no el peor pero sé que es “sombras nada más” como dice el trágico bolero. Su presencia en el país es tan tenue que raya en lo poético. Digo que es una sombra por no decir que el señor no existe, que sería un concepto todavía más literario (a propósito del Festival de la Palabra). Está ahí, pero siempre tan ajeno, tan anodino, que al final es como si no estuviera. Pasan los días sin signos suyos y una ni siquiera se acuerda de que no está. Nadie lo extraña. O casi nadie. Supongo que algún periodista asignado a la solitaria fuente de esta sombra sufrirá en alguna medida este gran vacío.
Me da cierta lástima, no se crean. Este personaje está tan abstraído que se está perdiendo su propia gobernación. Los estudiantes han creado un país propio, le han devuelto la posibilidad a lo imposible, crean propuestas económicas inteligentes, toman en los portones los cursos que todos siempre añoramos, siembran huertos, juegan al fútbol, crean colectivos artísticos. Esto es lo más grande que sucederá en estos cuatro años, posiblemente en esta década. Pero la pobre sombra que es el gobernador no puede disfrutar de este espectáculo único. Tendría que empezar por saber a qué se refieren cuando hablan de los famosos portones. Pero el pobre no tiene idea de donde queda el de Arquitectura ni el de Derecho ni nada. Conoce de la IUPI tanto como de la Universidad de Kabul.
Hago un llamado urgente a los intelectuales del Festival de la Palabra para que dediquen uno de sus foros a algo así como la ‘Deconstrucción de la sombra en el poder o un estudio del hombre que no existe’. Sería de lo más pertinente mientras los estudiantes, en el sol más pleno de la calle, nos iluminan la existencia.