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Monday, March 2, 2020

Libres




Publicada en El Nuevo Día en julio de 2010

Los neo-generalísimos del país nos han pedido que seamos modositos por la honorable presencia de nuestros invitados de los Juegos Centroamericanos; que hagamos un paréntesis de la indignación, nos atragantemos las protestas por la brutalidad policíaca, por la violación de derechos civiles, por la descuartización de la educación pública y actuemos como si este fuera un país bienaventurado, por lo menos hasta que los invitados hagan como que se van.
Quise hacer caso, y pensé: ‘En el preludio de estos Juegos, y recién habiendo finalizado la extraordinaria Copa Mundial de Fútbol, ¿qué podría contarles a nuestros invitados?”
Me decidí por algo que, sencillamente, me mata de orgullo. Muchos habrán visto cómo Nelson Mandela causaba torbellinos de emoción entre la muchedumbre del Mundial cada vez que acudía a los juegos. La vida de Sudáfrica se puede contar antes y después de Mandela, quien se rebeló contra el Apartheid y, por lo mismo, pasó 27 años en prisión, antes de llegar a ser el primer presidente negro de África del Sur. 
Quiero decirles a nuestros invitados que, aunque ustedes no lo verán en la inauguración de los Juegos, los anfitriones de los XXI Centroamericanos y del Caribe también tenemos nuestro Nelson Mandela. Se llama Rafael Cancel Miranda y durante 25 años fue prisionero político en las cárceles de Estados Unidos, por revelarse contra la tiranía del colonialismo, al igual que nuestra heroína nacional, Lolita Lebrón, Andrés Figueroa Cordero e Irving Flores.
Los guardias penales lo recibieron en 1954 rompiéndole los dientes, y eso sólo sería el preludio de años de torturas, aislamiento en calabozos, prohibición de visitas y el hostigamiento y humillación sistemática a su familia.
Pero un héroe es el que, aún cuando ninguno de sus pares lo está viendo, cuando ha sido enterrado vivo en el olvido por su peor opresor, no abandona sus ideas ni valores. Y los de Rafael Cancel Miranda han sido la dignidad y la libertad.
Este domingo cumple 80 años. Yo lo veo llegar a los portones de los universitarios en huelga, a cada acto patriótico, igual de erguido que siempre, y pienso que son muy pocos los que pueden llegar a esa edad con la certeza de que han sido hombres libres.


Sunday, October 4, 2015

Putrefacciones


Yo había trazado mi veredicto sobre esta mujer desde hacía años, cuando tuvo el descaro de organizarle aquel homenaje legislativo a la figura repulsiva de Julito Labatut, cuyos vínculos con el asesinato de Carlos Muñiz Varela ya conocíamos. 
Luego leí una entrevista suya donde hablaba zanganaces. Que imitaba a Iris Chacón y qué sé yo. Y nunca olvidé algo que contó: que tarde en las noches, cuando llega a su casa, se distrae “viendo unos pececitos ahí”. Lo ordinario de su expresión no me permitió hacerme una imagen cortazariana de aquella escena. Más bien pensé en esta novela sobre un salón de belleza todo decorado de peceras estrambóticas que luego se convierte en un moridero para enfermos. 
Las peceras siempre me han parecido de un mal gusto espantoso. Su destino siempre es el mismo: empiezan limpias, con unos cuantos peces coloridos y, al tiempo, lo que queda es un estanque de aguas verdes donde los peces, si no están flotando en espera que su último viaje inodoro abajo, se están comiendo los unos a los otros. 
Como ésa fue la escena con la que siempre relacioné a la tal JGo, no me extrañó su extraordinaria mezquindad del otro día, cuando se expresó en contra de la excarcelación de Oscar López. 
Una persona sabia y sensible sabe elegir sus batallas. Y no se metería con la única causa que ha unido al País en los últimos años: la libertad de un hombre heroico que ha cumplido 34 años de prisión, más que Lolita Lebrón, Rafael Cancel y Nelson Mandela. Un hombre que, como esta señora sabe, tiene una hija y una nieta con quienes nunca ha vivido, y un pueblo que ha manifestado su empatía y admiración más allá de las ideologías.
Ahora veo que esa escena decadente con que nunca pude evitar relacionar a esta mujer -un personaje nefasto, consumido a diario ante una pecera descompuesta- tenía su razón de ser. Hay que estar bastante malograda por dentro para estar dispuesta a jugar con la libertad de un ser humano y con la causa humanitaria de todo un país.