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Thursday, June 12, 2014

Sol



Volvió de repente, como una sorpresa extrema, ese día increíble del Sol.
Huyes de alguna parte (una oficina, un café, la casa equivocada) y vas sin mucho rumbo, pensando en pajaritos preñaos. Pero de pronto lo sientes, como un golpe de fuego que se te quiere inscribir en la sien (el mundo a veces trata de descomponerse). Levantas la mirada buscando. Y te deslumbras. Como si nunca antes hubieses visto el milagro de esa estrella masiva. El Sol ha vuelto a cambiar. Literalmente, de un día para otro. Aquella claridad opaca de los últimos meses a las seis en punto de la tarde es ahora la tarde más radiante del mundo. Cuando el Sol llega así de esa manera, sabes que comienza una luz violenta, salvaje, que siempre culmina en la orilla de un cuerpo. Un cuerpo de agua, quiero decir.

Y pensar que estas pequeñas ceremonias están penetradas por el tiempo. El universo es infinito, escuché siempre. Pero el profesor Altschuler lo lleva al extremo: “Es un lugar de dimensiones inconcebibles, imposibles de imaginar”. Tanto, que cada día que pasa crece más.  

En esa inmensidad impensable, brutalmente lejos, vive el Sol. Si viajáramos a 100km ph, tardaríamos 170 años en llegar a él. Y sin embargo, nada en la naturaleza puede exceder la velocidad de su luz. No lo digo yo, lo dice el Profesor en ese hermoso libro, Hijos de las estrellas. Así, a pesar de las abismales distancias del universo, un segundo es suficiente para que la luz del sol llegue a la luna (¿existirá una paradoja más estupenda en toda la galaxia?).

Me remito a nuestras puestas de sol. A esta certeza de que no existe quien no se quede sin aliento cuando, ante toda la incredulidad del mundo, se va escondiendo tras el mar esa esfera dorada; el astro más grandioso del universo. Me doy cuenta de que cada puesta no es siquiera un instante en la vida de esa estrella allá en su dimensión infinita. Entonces lo pienso bien; y me parece aún más sediciosa, aún más bella y vital esa idea nuestra de celebrar la vida en cada vuelta alrededor del sol. 

Monday, January 28, 2013

Estrellada

 


Mari Mari Narváez

Ya había aprendido que agua y libertad estaban imbricadas. Como supe que, entre tanto que es la felicidad, está el sol. Que no existe quien no se quede sin un poco de aire, quien no imagine un futuro distinto cuando, ante toda la incredulidad del mundo, se va escondiendo esa esfera anaranjada, rosada; el astro más grande del universo.
La verdad, no sé si es el astro más grande pero me gusta decirlo con esta certeza. Sí sé que en cada puesta de sol, en la escena de cualquier mar calmoso,  resurge un amor, una idea, la radiografía de algo que alimenta la vida.
Pensé en esto leyendo el testimonio de Oscar López Rivera en su libro Entre la tortura y la resistencia: “En Marion yo salía al patio una vez a la semana y, desde allí, veía árboles, animales, pájaros. Oía el ruido del tren y el cantío de chicharras. Corría sobre la tierra y la olía. Podía agarrar yerba en mis manos y dejar que las mariposas me rodearan. Pero aquí no hay nada de eso”.
En otro fragmento, el prisionero político puertorriqueño, quien hoy, día de Reyes, cumple 69 años, 30 de ellos en el encierro, dice: “Algo que puedo decir es que solo veo la sombra de la sombra pero no el objeto. Así llevo unos cinco años, sin ver un cielo estrellado o la oscuridad de la noche…”.
Usted y yo lo sabíamos. Que un nuevo año iniciaría y la violencia seguiría tan atroz. Que caerían inocentes, y los gobernantes serían tan hipócritas y pasivos como el año pasado. Sabíamos que seguiríamos viviendo en este ámbito de fábula. Respirando hondo, tragando gordo, metiendo mano, qué remedio. Buscando la felicidad en otra parte. Usted y yo sabemos que no es mucho lo que podemos hacer para que la gente en la calle no se mate a tiros. Que no está realmente en nuestras manos.
Lo que sí está en nuestras manos es exigir la excarcelación de Oscar López Rivera. Usted y yo podemos proponernos que se nos escuche; que de este 2012 no pase que Oscar tenga su noche estrellada, un minuto después de su primera puesta del sol en 30 años.