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Saturday, November 2, 2013

“So what?”

 


Viene siendo hora de que entendamos nuestro problema de “bullying”, sí. Uno cada vez más invasivo, ofensivo. De eso vive el “bully”, de la excitación y pánico que genera su noción de poder.

Periódicamente asoma su cabezota por estos lares. Como esta semana, que apareció para dejarnos saber su opinión sobre cosas que no le preguntamos.

Tras haber clasificado como basura la deuda de la Universidad de Puerto Rico, Moody’s -esa especie de turbia lumbrera de los inversionistas mundiales- removió la deuda de la Universidad de su lista de revisión para degradación, pero le asignó una perspectiva negativa. Justo -caray- cuando el Gobierno acaba de eliminar la cuota.

Moody’s critica la supuesta “dependencia” que la UPR tiene del Gobierno, que no es otra cosa que penalizar el concepto de la educación pública, que es ideológico y que además (mala nuestra, Moody’s) se aparta del modelo corporativo (y prohibitivo) estadounidense.

Es cierto que las finanzas de la Universidad son deplorables, pero no es porque su financiamiento sea público. El tema de la NSF es bochornoso, un signo de corrupción e ineficiencia atroz. Pero eso tampoco cambia que una universidad pública es un acercamiento político a la democracia y a la equidad. Es obvio, Sir Moody’s, que una universidad estatal tiene que depender de adivine qué: ¡el Estado!

El parlamento europeo, conociendo las debilidades de Sir Moody’s, ya aprobó una prohibición a que estas agencias clasifiquen deudas sin tener la información pertinente para basar sus “hallazgos”. Les regularon el “timing” que gustan usar para soltar sus torpedos no solicitados sobre la deuda europea y también les prohibieron algo que parecía caído de la mata, pero no lo era: clasificar compañías en las cuales sus dueños tengan acciones.

Mientras, acá el gobernador crea un puesto para un síndico “con vínculos a universidades estadounidenses” cuando, por más que insistan, la Iupi no sigue ni tiene que seguir ese modelo universitario. Buena o regular, hemos tenido una universidad pública por más de cien años y eso nos ha permitido movilidad social y la creación de un conocimiento con el cual hemos construido país.

Si a Moody’s no le gusta, so what? Estoy segura de que el mundo no se acabará.

15 de marzo de 2013

Wednesday, January 26, 2011

Cronopios


“Tú no puedes conmigo. Porque mi corazón es más grande que el tuyo”.

El muchacho está inmovilizado por un policía gigantesco. Le lanza estas palabras en medio de su arresto por desobediencia civil. En esos primeros segundos, el policía es una cosa enorme, imponente. Hasta que el joven nos derrumba a todos con su decreto. Entonces el guardia - todo músculo él- se va reduciendo hasta ser casi nada.

Le doy ‘replay’. Observo bien a este muchacho. Quiero encontrar en su gesto, en su voz iracunda y temblorosa, en el movimiento de sus manos atadas, el signo exacto de la rabia y del amor.

Son cronopios, pienso. Seres increíbles, casi mágicos, logrando lo inimaginable: actuar en este ámbito de fábula.

Como los personajes mágicos de Cortázar, los estudiantes no estaban inscritos en nuestra lengua. Han salido de la modorra a cargar -solos- las mal repartidas rebeldías y valentías, las noblezas y convicciones de un archipiélago hundido.

No es fácil ser los jóvenes más talentosos del país y que te traten mucho peor que a los más grandes criminales. No es fácil ser un joven con ideas en uno de los países más violentos del mundo; recibir (y resistir) la violencia del Estado a cambio de defender los derechos de todo un pueblo, y luego ser acusado de violento por romper un cristal mientras los narcotraficantes y los políticos lo destruyen todo sin que nadie se meta con ellos. No es fácil resistir tanta hipocresía a tan temprana edad. Como tampoco lo es defender la decisión democrática de todo un estudiantado, para luego ver pasar a los rompehuelgas, muy decididos a tomar sus exámenes por pura cobardía.

Un día una se da cuenta de que la suerte ya estaba echada: están los que luchan y se sacrifican, y están los que siempre seguirán andando en línea recta, haciendo las cosas como alguien siempre querrá que las hagan, atravesando el próximo portón hasta volverse sólo un punto lejano en el horizonte.

Esos dos tipos de seres que constituyen dos mundos radicalmente distintos tendrán que seguir conviviendo por los siglos de los siglos.

No será fácil. Pero confío en estos cronopios. Si algo han demostrado, es que están bien armados para transformar esta fábula, corazón a corazón.