“Yo también existo. Declárame”. Volví a pensar en ese letrero profético, alzado sobre una escuelita en el camino fronterizo entre República Dominicana y Haití. La determinación de la Corte Constitucional dominicana de negar la ciudadanía de miles de personas nacidas de trabajadores inmigrantes haitianos desde 1929 me lo hizo recordar.
Pensé también en las obsesiones de mis profesores de Historia, siempre desenterrando cosas viejísimas. Por Juan Giusti Cordero conocí las Devastaciones de Osorio. 1605. El rey de España ordena al gobernador de La Española, Antonio de Osorio, devastar la parte occidental de la Isla y trasladarla más cerca de Santo Domingo.
La palabra lo dice todo: devastación. A fuerza de fuegos, de guerra, de muerte, toda esa tierra fue despoblada. En ese entonces, la Española era prácticamente tierra de nadie, o más bien de contrabandistas. España concentró su poder en las colonias continentales y había perdido control en las Antillas.
Vacía y devastada, eventualmente los franceses tomaron posesión de esa tierra. Y nació la inmensa Haití, que dos siglos después sería la primera nación libre de América Latina.
La historia de este pueblo ha sido de un dolor extremo, de una crueldad insospechada que ahora sólo vuelve a institucionalizarse con la decisión fratricida de República Dominicana.
Yo, ciudadana puertorriqueña (y estadounidense por imposición sádica), imagino una ciudadanía expansiva de las Antillas. Que, en vez de frontera imperial, el Caribe sea un lugar donde se renominen las nacionalidades, donde podamos transitar libremente para hacer lo que todo el mundo en esta vida quiere hacer: amar, trabajar, construir.
Los haitianos son la gente más dulce e inmensa que he conocido. El día que se cumplió un mes del terremoto de 2010 fue uno de los más importantes de mi vida. Allí, en Puerto Príncipe, vi el escenario más insólito y hermoso del mundo: cientos de personas en procesión. Cargando pequeñísimos ramos de trinitarias, lloraban y honraban a sus muertos. Pero sin lágrimas. Bailando y cantando.
Los vi levantar los brazos con esa euforia del desconsuelo extrañamente intercalado con el regocijo de estar vivos. Y recuerdo su canción: “Dios, mira mi carga. Mi carga pesa… ¿quién me va a ayudar?”
Wednesday, October 15, 2014
Devastación
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Monday, October 13, 2014
Sinatra
Hace unos
meses supimos –por los buenos oficios de este diario- del peculiar cuartel de
la Policía donde ese breve espacio en que no estaba la foto del Gobernador sí tenía
un curioso cuadro de frente: el retrato de Frank Sinatra.
“Si aparece la foto de García
Padilla, se colocaría frente a la de Sinatra”, aseguraban los agentes. Y, al
preguntársele si le gustaba el recurso decorativo, uno de ellos respondió: “Correcto.
Muchas personas han dicho 'mira qué bonito se ve'. Se le ha dado otro toque al
cuartel”.
Yo me
quedé con aquello. Caramba, me divierte mucho, pensé. Parece la escena magistral
de una novela de Eduardo Lalo. Pero -la verdad- está fuerte. Para el Gobierno y
para la ciudadanía. “¿Frank Sinatra?”, volvía a preguntarme alucinada. “¿Esta gente
estará en sus cabales?”
“A mí
manera”, me parecía que gritaban muertos de risa los agentes en aquel acto no
verbal tan contundente.
Volví a acordarme
de esto con la visita de Molusco a Fortaleza. “¿Molusco?”, me dije. “¿En
serio?”
No tengo
algo en contra de Molusco, que ha hecho lo que ha podido y querido. Cada quien
tiene su rol, sus deseos y ambiciones en esta sociedad disfuncional. ¿Pero
exactamente en qué estaban pensando el Gobernador y su séquito cuando lo
invitaron a hablarles nada más y nada menos que a los estudiantes de alto honor
del sistema de educación pública?
‘Esto es
lo que hay para ustedes: Molusco’. Ese es el mensaje a nuestros jóvenes más
talentosos y de menos recursos económicos. Si hubiesen sido de San Ignacio o de
San José, a ningún achichincle del Gobernador se le habría pasado siquiera fugazmente
por la cabeza llevarles a Molusco como modelo de inspiración. Ya puedo ver la
lista de los invitados potenciales para estos otros alumnos: científicos, escritores,
artistas, investigadores de la NASA, líderes comunitarios, políticos finos
(escasean, lo sé), selectos miembros de ese ámbito de la vida que simboliza la
promesa de un mundo mejor.
Esto no
es menos que un insulto a nuestros jóvenes más preparados. La Fortaleza se merece
una foto de Sinatra sustituyendo la del Gobernador en cada cuartel de la
Policía.
Friday, September 5, 2014
Suicidios
Colecciono noticias sobre
suicidios. Llevo años en eso, siempre pensando que un día voy a atreverme a escribir
una nota sobre ese acto oculto que tanto nos espanta y del que muy poco
hablamos.
Nunca olvido a aquella mujer que hace
unos años agarró en brazos a su bebé de un año y se tiró ventana abajo desde su
apartamento en Trujillo Alto. Ni olvido la sensación límite de impotencia cada
vez que alguien me confesó su deseo de suicidarse, el
miedo a la mortificada idea de decir una estupidez, balbucear un cliché inútil,
alguno de los lugares comunes más temibles del léxico. Cuando alguien te decreta
su deseo de morir, nace otra ausencia, el mundo trata de descomponerse y el
nombre de ese cuerpo desprovisto se te inscribe en la sien.
Las notas de prensa son parcas
como un telegrama. Mencionan el nombre del ‘sujeto’, el lugar y horario de los
hechos, la modalidad de muerte, todo muy puntual y genérico. Y una se queda con
sus preguntas, con ese trago espeso, con el letargo. Y una certeza muda, la culpa
afásica, innombrada, de que algo tuvimos que ver en esa historia que se construye
en la memoria mediática como algo remoto, personal, casi aislado.
El profesor Keating, de Dead Poets
Society, interpretado por el genial Robert Williams, decía que “la medicina, el
derecho, los negocios, la ingeniería son actividades nobles y necesarias para
sostener la vida. Pero la poesía, la belleza, el romance, el amor son las
razones por las que permanecemos vivos”.
La
riqueza o pobreza de una sociedad no se miden solo con indicadores económicos.
Se miden también en el sentido de la belleza, en el deseo, en la empatía y la
solidaridad colectivas.
Se estima que un millón de personas en el mundo se suicida cada
año. En Puerto Rico, en 2014 ya han sido más de 99. La pregunta se nos impone. ¿Cómo se construye una
sociedad para la vida?
Conspiración
En medio
de este eterno regreso de discusiones estériles sobre nuestro “estatus”, ha
surgido la noticia de que Julia de Burgos, poeta, nacionalista, pudo haber fallecido
a causa de una experimentación médica de las muchas que el gobierno de Estados
Unidos ha utilizado por años para hacer daño a personas ‘sediciosas’.
Rápido
proliferan las reacciones de que esta es otra “teoría de conspiración” de
independentistas. Mientras el país tiene que tragarse la inapetente discusión
de los populares sobre sus misteriosas fórmulas de estatus, resulta que los
independentistas tenemos “complejo de persecución”.
En
efecto, ahora habrá que ahondar en la investigación sobre las causas de muerte
de Julia de Burgos. Sin embargo, lo que reluce cuando se descarta el asunto
como una teoría de conspiración es una ignorancia apabullante. A nadie que
conozca la historia de Puerto Rico puede parecerle insólita esta alegación. A
fin de cuentas, el tiempo siempre le ha dado la razón al independentismo que
denunció crímenes terribles que por mucho tiempo no espantaron a nadie.
No resultó
ser un invento nacionalista que, en los años 30, el Dr. Cornelius Rhoads deliberadamente
inyectaba células cancerosas a pacientes puertorriqueños porque esta isla “sólo sería habitable si se exterminaba
esta raza”. Como tampoco lo fue el asesinato lento de Pedro Albizu Campos, torturado
por las autoridades puertorriqueñas y federales, sometido a radiación involuntaria
en la cárcel, contagiado con tuberculosis. La suerte de otros nacionalistas
presos fue la misma.
Tampoco
fue una fantasía paranoica que a Lolita Lebrón la enviaran 8 meses a un hospital
psiquiátrico mientras estaba presa en Estados Unidos, sin evidencia de que necesitara
semejante tratamiento. Lolita llegó a contar con mucha lucidez aquel momento,
así como parte de las torturas a las que fue sometida, incluyendo la misma irradiación
de rayos que denunciaban otros nacionalistas.
La única
fantasía sobre la posibilidad de que Julia de Burgos también haya sido víctima
de una experimentación médica perversa, es la de descartar que esto sea creíble.
Lo único insólito es que, con la experiencia acumulada, no lo hayamos
sospechado antes.
Fútbol, Kafka y libertad
De nuevo esta fecha tan extraña. 4 de julio, un día que siempre trata
de borrarse en alguna playa atestada de gente. Este año lo pasamos ante la gran
pantalla del Mundial. El fútbol en estos días es un gran lenguaje para acercarse
al mundo.
Este día siempre me es agridulce. No importa que haya pasado toda mi
vida en esta misma circunstancia, todavía no entiendo cómo es posible que, a
estas alturas del siglo XXI, no seamos un país independiente. Todavía siento el
malestar diario de tener que llevar una vida de adulta, con todas las
libertades y responsabilidades que ello conlleva mientras, simultáneamente, debo
vivir en esta eterna infancia política. Hay algo muy atroz ahí. La paradoja es
perversa. No es tan clichoso reclamar el trasunto kafkiano. Vivimos tratando de
encontrarle significado a este “proceso” impuesto, tan invasivo y tenaz. Su propia
prolongación marañosa nos consume a diario sin llegar a comprenderla nunca, sin
la posibilidad de avanzar, de culminar, de deshacernos de ella y arribar a un
estado más alto.
Si algo tienen en común todos los equipos que participan en la Copa
Mundial es un día de independencia. En honor al mejor lenguaje colonial, tras
sus gestas libertarias, de ser terroristas según sus imperios, ahora cada
pueblo tiene a sus mártires, héroes y heroínas de ‘la Patria’. El próximo será
Cataluña, cuya independencia ya se vislumbra inevitable y marcará el final retrasadísimo
de la colonización española.
Por eso me está gustando tanto este Mundial, porque es ver al fin, en el
sofisticado lenguaje del fútbol, las pequeñas justicias simbólicas del mundo.
Los grandes han ido quedando atrás. Las viejas colonias, Costa Rica,
Chile, Colombia, Argentina, Brasil y Uruguay derrotarían paciente,
suculentamente a los colonizadores. Cayó España, cayó Inglaterra, cayó Portugal
y ahora cayó Estados Unidos.
En un once pa’ once, en un solo cerco y en un solo lenguaje: el de las
patadas. En este día, así es que me gusta almorzarme al imperio de mi vida.
Friday, June 20, 2014
Modelo
Siempre me
niego a repetir esas sentencias sobre la condición supuestamente excepcional de
Puerto Rico en acontecimientos absurdos e inverosímiles. La aseveración de que ‘esto
es Macondo’ nunca me ha parecido rigurosa pues en todos los países pasan cosas tan
descabelladas como aquí. Así, siempre ando aguándole la fiesta a mis pares,
argumentando con pasión que no somos tan extraordinarios nada.
En estos días,
sin embargo, he tenido que cuestionar mi máxima, y he comenzado a aceptar que
tal vez las cosas que pasan aquí son más extravagantes y disparatadas que el
promedio del continente americano, digamos.
Llevo días oyendo
a los agricultores enviados por la secretaria de Agricultura, Myrna Comas, para
atacar el proyecto que crearía el Bosque Modelo. Alegan los mensajeros que el
Bosque “eliminará” 7,000 fincas (si alguien sabe cómo, ruego me explique). Y
prohibirá terminantemente la agricultura convencional y su correspondiente uso
de abonos, plaguicidas y otros métodos. Hacía tiempo que no escuchaba una
discusión pública más bizarra. Una llega a pensar que son un caso para la ciencia.
Bosque Modelo propone una corporación sencilla que,
gobernada por un comité multisectorial, promoverá una política pública de
desarrollo sostenible en regiones rurales muy rezagadas en el País. Es un
proyecto de gobernanza moderna y participación comunitaria.
Lo único que puede y pretende hacer según se
desprende del proyecto de ley, es promover la agricultura ecológica, de acuerdo
al principio de sustentabilidad, que es vital en cualquier bosque modelo del
mundo. Más allá de eso, ¿alguien puede siquiera imaginarse una redada nacional anti-plaguicidas?
Los disparates de los enviados de Comas levantan
muchas preguntas. ¿Por qué se inventan estos absurdos? ¿La Fortaleza permite
que una secretaria de agencia boicotee un proyecto de administración para el desarrollo
socioeconómico sostenible? En un momento en que todo lo que sale de Fortaleza hunde
cada vez más al Gobernador, ¿por qué no aprovechan la única propuesta fértil que
tienen sobre la mesa y aprueban el proyecto auténtico de Bosque Modelo, creado meticulosamente
por un grupo de comunidades, academia y Gobierno? ¿Quiénes le temen a qué? ¿Por
qué?
Tuesday, June 17, 2014
Beso masivo
Si algo me fascinó de Madrid cuando
fui por primera vez en 1999, fue ver cómo las parejas -todas ellas- se besaban
todo el tiempo y por todas partes (de la ciudad).
Mi situación de extranjera
solitaria me permitía el morbo de observarlos con detenimiento y hasta
regodearme en el estudio espontáneo de sus motivaciones, grados de gozo y
habilidades. Juro que todos eran besos húmedos. Y que no le causaban pavor ni a
la viejecita más devota.
Pero en el Capitolio de nuestro
inaudito archipiélago, un beso es más bien un misíl, una declaración de guerra.
Un beso. Un besito solo -alegre,
simbólico, inofensivo- ha venido a interponerse en el futuro de nuestro Código
Civil. Cómo explicarle al mundo -con toda la seriedad, el contenido absoluto
que envuelve ese sustantivo- que los ojos vírgenes de nuestros legisladores no
toleran la imagen de dos hombres juntando sus labios en señal de paz.
Leía El Nuevo Día que “según De Castro Font, el beso en la
boca que su primo, el activista gay Pedro Julio Serrano, se dio con su novio en
una vista pública hizo que varios legisladores reafirmaran su oposición a las
uniones de hecho. ‘Le hizo más daño que bien’”.
Ante tanta ñoñería, no sé ni qué
pensar. ¿Sabrá el senador “auténtico” cómo se hacen los bebés, cómo se extinguen
las pasiones, cómo se sustenta un cuerpo?
Me imagino a los niñitos que van
de gira al Capitolio, consolándolo en pleno tour. “Señor, tranquilo, es sólo un
beso, ocurre todo el tiempo”.
Si esto ha logrado semejante
exaltación en los señores medievales, si ha amenazado hasta el estado de
derecho del País, se me ocurre una idea, un sueño, debo admitir: un chupete
masivo en las escalinatas del Capitolio. Un beso denso, extenso, pluralista. Un
beso de hecho que, cual vela frankenstiana, termine desconcertándolos,
fulminándolos con un ataque masivo de nervios y de frigidez.
Eso sí, me uno a la protesta de
Yara, mi colega de esta columna, aquella semana de los hechos y, esta vez, el
beso de lengua por favor.
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