Friday, March 21, 2014

Chagui




Como en un eterno regreso, este lunes volvemos a la tumba de ‘Chagui’. Vamos en un acto modesto, simbólico, para marcar en el calendario que el 24 de marzo de 1976, Santiago Mari Pesquera fue asesinado por motivaciones políticas. Y que esto ocurrió con la complicidad del estado federal en Puerto Rico. Lo dice el FBI en documentos desclasificados que evidencian cómo unos meses antes del asesinato, tuvieron conocimiento de un complot para asesinar a su padre, el entonces dirigente socialista Juan Mari Brás. El FBI nunca advirtió a Mari Brás de ese complot de un grupo cubano del exilio.

La parte más cruel de la impunidad no es el dolor de una familia que ‘busca justicia’. Ni siquiera es el ámbito individual, el hecho de que un grupo de hombres haya cometido un delito tan atroz sin haber  retribuido su depravación a la sociedad. Lo verdaderamente espantoso es esa certeza que queda como impregnada en el aire para siempre: el Estado y sus elegidos poseen todos los mecanismos de tu destrucción. 

Nosotros volvemos al cementerio como siempre: con alegría. En nuestro álbum familiar están registrados cada uno de estos 38 años ante su tumba. No es a nosotros a quienes rompió el Estado. A mi padre lo vi llorar muchas veces. Pero jamás lo vi amargado ni derrotado. Y si alguna vez contempló retirarse de la lucha por la independencia, el día que asesinaron a Chagui ese compromiso quedó sellado para el resto de su vida.

No, no fue a su padre ni a su madre a quienes rompieron. Rompieron a un país que todavía no reconoce su propia tragedia. Pero ese país contrariado, adolescente, alucinado, todavía nos inspira y nos obsesiona. Por eso reitero las últimas palabras de mi padre en el entierro de su hijo:

“Nuestro único compromiso es transformar el martirologio en heroísmo. Solo entonces, el pueblo entero, el pueblo amado por el que cayó Chagui, por el que han caído todos en esta jornada más que centenaria, levantará a los cielos el monumento de una patria nueva, de una patria hermosa, de una patria donde no puedan darse jamás crímenes como este”.    

Sunday, February 16, 2014

Nada


 

Julia de Burgos


Como la vida es nada en tu filosofía,
brindemos por el cierto no ser de nuestros cuerpos.

Brindemos por la nada de tus sensuales labios
que son ceros sensuales en tus azules besos;
como todo azul, quimérica mentira
de los blandos océanos y de los blancos cielos.

Brindemos por la nada del material reclamo
que se hunde y se levanta en tu carnal deseo;
como todo lo carne, relámpago, chispazo,
en la verdad mentira sin fin del Universo.

Brindemos por la nada, bien nada de tu alma,
que corre su mentira en un potro sin freno;
como todo lo nada, buen nada, ni siquiera
se asoma de repente en un breve destello.

Brindemos por nosotros, por ellos, por ninguno;
por esta siempre nada de nuestros nunca cuerpos;
por todos, por los menos; por tantos y tan nada;
por esas sombras huecas de vivos que son muertos.

Si del no ser venimos y hacia el no ser marchamos,
nada entre nada y nada, cero entre cero y cero,
y si entre nada y nada no puede existir nada,
brindemos por el bello no ser de nuestros cuerpos.

Friday, January 17, 2014

Patria


  

Es posible que, en el fondo, todo esto me doliera más porque era el día de Reyes. Y también porque es una crueldad saberse (y más que saberse, asumirse, con ese agravante de la aceptación) obsoleta, pasadísima de moda, una dinosauria en un mundo completamente nuevo.

Las niñas jugaban, hablándose entre ellas en un inglés que me sonaba casi perfecto. Como si no estuviéramos allí las dos adultas, se hablaban. La mía no se atreve a hablarme en inglés directamente. Y sin embargo, aquí estaba, expresándose con una soltura pasmosa, como si se hubiese hecho gente con el difícil. “Me voy, que ya me siento como en una mala película de Disney”, dije al aire, en un tono amenazante que no conmovió a nadie.

Entiendo algo de esta nueva práctica de niños y adultos de hablar inglés, especialmente en las redes sociales (casi siempre mal escrito). En medio de una conversación con una mentalidad en español, creo que el salpicón del inglés ayuda a atenuar el drama de nuestro vernáculo, por más que me duela admitirlo.

“Olvídate, nena, ésa ya la perdimos”, me dice resignada mi comadre mientras observamos la dinámica de las niñas. Ella, que es madre, sabe más de todo esto que yo, una simple tía. La miro como rogando una apelación, pero le leo en los ojos que está convencida.

Por poco me convence a mí también. Pero entonces, murió ayer el poeta argentino Juan Gelman. Vuelvo a pensar en las niñas, en la comadre, aquellas líneas bilingües cruzadas en noche de Reyes. Recuerdo cuando mi niña no hablaba. Observaba el mundo desde su cuna y, ante cualquier incomodidad, sólo podía llorar y gritar. Aprendiendo a nombrar el mundo en español, creció.

Entonces recuerdo también hace unos años, cuando cientos de personas fueron al Instituto Cervantes de Pekín a escuchar a Gelman. Olvídenlo. Seguiré siendo una dinosauria con esta perorata apasionada del español a cuestas. Y no me importa. Ni renunciaré a ello. Porque, allá en Pekín, cuando le preguntaron al poeta exiliado de la dictadura cuál era su patria, él no dudó un segundo: “Mi patria es mi lengua”.

Tuesday, January 14, 2014

La economía es una ciencia

Juan Gelman


En el decenio que siguió a la crisis
se notó la declinación del coeficiente de ternura
en todos los países considerados
o sea
tu país
mí país
los países que crecían entre tu alma y mi alma de repente
duraban un instante y antes de irse
o desaparecer
dejaban caer sábanas llenas de nuestros sexos que salían volando alrededor como perdices
quiere decir que cada vez que hicimos el amor dejábamos nuestros sexos allí?
y ellos seguían vivitos y coleando como perdices suavísimas?
qué raro
mirá que lavábamos las sábanas con subordinación y valor
para que los jugos de la noche pasada no inauguraran el pasado
y ningún pasado pusiera una oficina entre nosotros para ordenarnos el hoy
porque el alma amorosa es desordenada y perfecta
tiene mucha limpieza y lindura
se necesita todo un Dios para encerrarla
como le pasó a don francisco
que así pudo cruzar la agua fría de la muerte
es bien raro eso de nuestros sexos volando
pero recuerdo ahora que cada vez que yo entraba en tu sexo
y me bañaban tus espumas purísimas con impaciencia
y dulzura y valor
me parecía oir un pajarerío en el bosque de vos
como amor encendiendo otro amor
o más, es cierto que cada vez nuestros sexos resucitaban
y se ponían a dar vueltas entre ellos
como maripositas encandiladas por el fuego
y se querían morir de nuevo buscando incesantemente la libertad
y había un país entre la vida y la muerte
donde todo era consolación y hermosura
y no poseíamos nuestro corazón
y nuestros sexos se perdían como almas en la noche
y nunca más los volvíamos a ver
para entender
estudio los índices de la tasa de inversióún bruta
los índices de la productividad marginal de las inversiones
los índices de crecimiento del producto amoroso
otros índices que es aburrido hablar aquí
y no entiendo nada
la economía es bien curiosa
al pequeño ahorrista del alma lo engañan en wall street
los sueldos de la ternura son bajos
subsiste la injusticia en el mercado mundial del amor
el aprendiz está rodeado de nubes que parecen elefantes
eso no le da dicha ni desdicha
en medio de las razones
las redenciones
las resurrecciones
se lleva el alma a la nariz para sentir tus perjúmenes
estoy viendo volar los pajaritos que te salían del sexo
mejor dicho
de más allá todavía
de todo lo que valías
o brillabas
o eras
y dabas como jugos de la noche."

Wednesday, January 1, 2014

País




Descender. Poco a poco, salir de la espuma densa de las nubes y comenzar a atisbar una breve franja de esta costa. 

Hay algo en la geología de nuestro país que me resulta una de las imágenes más tiernas del mundo. Es algo más que la evidente hermosura. Si el trayecto incluye la mirada en picada de las montañas que, a distancia, parecen aterciopeladas, sinceramente me desarmo. Hay un pálpito ahí, un soplo; como decir la ternura de observar a un recién nacido. 

Cuando era pequeña, mi papá siempre decía que éste era el país más bello que él había visto en su vida. A mí siempre me pareció exagerada aquella sentencia, y se la adjudiqué a su amor desbordante por “la patria”. Ahora, sin embargo, me sorprendo creyendo lo mismo que él, a pesar de los países realmente despampanantes que he logrado ver. 

Sospecho que he descubierto la belleza de lo propio. Creo que no se nace “patriota”. Eso que desde pequeña te enseñan es “la patria” y a lo que yo llamo más naturalmente “mi país”, es algo que se ama con el tiempo, y a veces “no tanto por los vivos como por los muertos”, decía ayer mi hermano, creo que con razón. Parte de ese amor expansivo retoña -tal vez más de lo que una piensa- de la tierra misma donde devuelves a tus muertos. 

No es sencillo amar este lugar, que nos aboca fácilmente a la frustración y al resentimiento; una “patria” polarizada entre la indiferencia y el deseo, entre la inercia y la trascendencia. Un lugar que es muchos lugares rígidos, en cuya mayoría muchos de nosotros seguimos siendo casi lunáticos, gente “fuera de lugar”. 

Dice un personaje de Juan José Saer que “cuanto más rígidos son los principios del ambiente en el que viven, más sobresale la rareza de los lunáticos y más absurdos parecen sus dislates”. 

En el nuevo año no pido la unión de nada. Ni siquiera la de los lunáticos. Sí quisiera que esta belleza agreste, insólita que poseemos en cada orilla y en cada río, nos enseñe a ser cada vez más “absurdos”, más país para todos que paisaje de pocos.  

Saturday, December 28, 2013

TexteArte


Ahora que lo pienso, me doy cuenta de que los poetas siempre lo dijeron. Nunca lo entendí muy bien, pero seguí mi vida tranquila sabiendo que, en el peor de los casos, podía contar con aquella máxima cabal.

En un concierto el otro día, vi que todo el mundo levantaba su celular. Cientos, miles de cámaras grabando la música. Alguien aspirará a ver el concierto, me pregunté. No que yo fuese la gran inocente reflexiva de la noche. Aunque no tomé vídeos, “textié” casi compulsivamente con alguien que no fue, comentando el recuento exhaustivo de cada acontecimiento, cual minuto a minuto de endi.com.

Una lo ve a diario y, aun participando de esta nueva vida, sabe que hay algo muy extraño ahí. Tal vez porque recuerdas cuando la foto de una fiesta, por ejemplo, era un encuentro más casual con la vida, casi un accidente cuya finalidad misma era atrapar la espontaneidad de un instante. Tienes todavía fresca la memoria de cuando un acercamiento requería el heroísmo de una llamada, la nerviosa incomodidad de una conversación en tiempo real.

No es una queja. El autopanóptico tiene sus propios postulados de entendimiento. Ves a la gente tomándose las fotos de la felicidad compulsiva en la fiesta que tú presumes alguien está, en efecto, disfrutando porque sí, al momento, con sus propios elementos disponibles. Sin la asistencia de una conexión virtual con un más allá que se presenta a su propia ausencia. Pero igual me pregunto, ¿acaso alguien alguna vez disfrutó de la fiesta tal cual? ¿El presente no fue siempre un pasado expansivo, una ansiosa decodificación del futuro?

Me enternece este nuevo mundo de la cercanía, donde podemos conectarnos con un par de palabras tiradas al aire. Pero no por eso dejo de preguntarme si existe alguien aquí ahora, o estamos todos en el tránsito de las ondas, esperando que nos lean el subtexto del texto.

Debe ser la Navidad, que me pone reflexiva, pero recordé a aquellas poetas; las veces que las escuché musitar a media luz, velloneras siempre en el fondo, vasos medio vacíos: “La vida está en otra parte”.

Sunday, December 8, 2013

Estado huracanado


Perdí la noción de los días que lleva este viento grave golpeando las puertas y las ventanas a absolutamente todas las horas. Nunca quise nombrarlo. Para que existiera menos. Pero la seriedad de esto ya es aplastante.

No sé qué más hacer para no enloquecer demasiado con este viento que parece un tigre golpeándolo todo: ventanas, puertas, copas, floreros. Día y noche. Sin pausa. De hecho, ya enloquecí.

"Increíble este clima", me digo, y regreso a mis asuntos. Pero vuelvo a abrir bien poquito una ventana, apenas una rendija, en un gran acto de fe y de estupidez; sólo para empezar a sentir de nuevo, uno a uno, los objetos, el sonido agudo de su caída estrepitosa: tazas, cuadros, marcos, figuritas.

Los observo caer. Sigo escribiendo.