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Friday, October 18, 2013

Revolucionario


Y ahora qué, Sr. presidente Rafael Correa. Ha sido muy macho usted, silenciando fulminantemente a Paola Pabón, asambleísta de su partido, y quien sólo proponía la despenalización del aborto en casos de violación. 
Su chantaje, esa rabieta violenta, profundamente infantil de que renunciaría a su puesto si la medida se aprobaba, fue devastador. No sólo para las mujeres ecuatorianas sino para toda esa América latina que lo ha mirado como a un revolucionario, como a alguien que venía a adelantar la paz, la justicia, a mejorar la vida de la gente más olvidada del mundo, no sólo en su país sino en todo el continente.
Ahora qué hará, Sr. Presidente, con la responsabilidad directa en cada aborto clandestino, en el suicidio de una mujer violada. Qué con las más de 95,000 mujeres que abortan en su país cada año, según datos de la OMS. Un aborto cada 4 minutos. Qué con las 1.962 denuncias por violación que se presentaron en 2011, según el Instituto Nacional de Estadísticas. Qué con el promedio de 5 violaciones diarias, de las cuales existe el riesgo de embarazo entre el 10 y el 15% de esas mujeres.
¿Con qué fuerza moral va usted a hablarnos sobre “el derecho a la vida”? ¿A qué vida, señor Presidente? A la de los hombres, será, que son los únicos cuyo cuerpo y supervivencia nadie tipifica.
¿Nos dará otro discurso épico sobre la vida como fenómeno biológico, sobre la humanidad prenatal? A mí usted no me mueve un pelo cuando se llama humanista por defender los derechos del niño no nacido mientras rehúsa otorgárselos a las niñas que sí viven, y que viven ya suficientemente mal, y tampoco pueden mejorar sus vidas con un aborto cuando son violadas. Por el contrario, lo único que pueden hacer es ponerla en peligro con un aborto clandestino. Es decir, lo que le queda a una niña violada en Ecuador, como en tantos países supuestamente “revolucionarios” de América Latina, es volver a violarse ella misma. Esa es la solución, señor Presidente. Violarnos después que nos violan. Qué legado tan revolucionario.


Esta columna se publicó en el diario El Nuevo Día en Puerto Rico el 18 de octubre de 2013.










Friday, February 17, 2012

Eleonora


Con el inicio del año electoral comienza mi sufrimiento. En esta breve colu no caben todas las patologías que experimento en estos meses trágicos. Una de las más exacerbantes es el pánico a priori a los reportajes y entrevistas a mujeres candidatas o -peor aún- a las esposas de los aspirantes. Son cada vez peores. Vamos, son de terror. Moda, cirugías plásticas, estatus amorosos, confidencias domésticas, recetas predilectas, el cuento de cómo se conocieron. Cómo olvidar a aquella esposa independentista que, en las últimas elecciones, nos sorprendió con una inaudita facilidad de palabra para contar sus intimidades, dejándonos saber que la pareja de patriotas gustaba de hacer el amor al aire libre en los cayos de La Parguera.

A pesar de la sexualidad manifiesta de muchas, estas mujeres están siempre, “en lo personal”, en contra del aborto. “Jamás” se han hecho uno (ajá…).

Siempre me quedo esperando la entrevista en la que la mujer en cuestión se despoja de toda estupidez, o de esa seudo-beatería afectada, y nos sorprende con unas declaraciones realmente radicales. Algo que nos emocione, que nos libere, que altere el estatus de bobería perenne de este país.

En mi lamento estaba cuando, en las páginas de El País, me topé con una mujer de gobierno que (¡al fin!) ha dicho, no sólo que cree en el aborto sino que se ha sometido a dos.

Eleonora Menicucci es la nueva ministra brasileña “sin miedo”. Así conocen ya en el mundo a quien dirigirá la secretaría de políticas sobre las mujeres en un país donde, hasta la presidenta actual, siendo feminista, tuvo que prometer no tocar el tema del aborto para poder ganar las elecciones.

“Cómo voy a tener miedo a defender mis ideas después de lo que pasé en manos de los militares”, ha dicho Menicucci, guerrillera contra la dictadura en los años setenta. “A mi hija de un año y ocho meses la torturaban ante mis ojos”. Cómo tener miedo.
Aquí, las doñas, emperifollás, dirán que quieren cambiar las cosas. Pero cómo cambiarlas si se tiene miedo. Alguien tendría que estar dispuesta a liberarse. Tal vez este año ocurra el milagro.