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Wednesday, March 30, 2016

Esposas



No es fácil ser feminista practicante. Un buen día te encuentras criticando excesivamente el traje de la “primera dama”. Sabes que es abominable lo que haces, no solo por lo superficial sino porque nadie critica las corbatas ni camisas de los hombres (tampoco son tan interesantes, de acuerdo). Mucho menos la figura. Pero no puedes contenerte. Es una fuerza de la que no puedes escapar. Aclaro que no critico pesos ni cuerpos. De hecho, la primera dama es una mujer bellísima. Critico un traje feo si lo veo insistentemente por todos los medios del País y lo hago a modo de estricta broma.

Sin embargo, lo del traje de Wilma solo me recuerda que ya mismo empiezan los reportajes de las candidatas a “primeras damas”, las sesiones fotográficas vestiditas todas en colores virginales y sus insufribles entrevistas sobre “los nenes”, los defectitos adorables de sus maridos y las historias de cómo se conocieron (en la iglesia o escuela, por supuesto), cómo se hicieron novios y, por supuesto, se casaron, que no hay desenlace más honorable para la administración del amor.

Creo que, antes de que empiecen estas tradicionales baboserías de año electoral, todos y todas (periodistas, directores de campañas, mujeres, hombres, candidatos, candidatas) debemos repensar cómo podríamos hablar del rol de estas mujeres en la vida política sin convertirlas en un grupito de bobas con un discurso de parque infantil, no apto siquiera para una revista de ideas para la decoración. Estoy segura de que estas mujeres no son ningunas bobas, lo cual empeora la situación pues hasta las más progresistas se sienten obligadas a actuar como tal. Incluso, estoy segura de que algunas deben ser las primeras asesoras de las campañas. Como suelen ser las parejas en relación a los proyectos de uno y otro.

Tengo buenas noticias. Al menos esta vez nos vamos a ahorrar dos suplicios de estos gracias a las candidaturas de María de Lourdes y la Lúgaro. Así que no todo está perdido. Usemos esta magnífica coyuntura en que tendremos dos mujeres candidatas a la gobernación para liberarnos por fin del reportaje infantilizante de las buenas esposas del mundo.


Friday, February 17, 2012

Eleonora


Con el inicio del año electoral comienza mi sufrimiento. En esta breve colu no caben todas las patologías que experimento en estos meses trágicos. Una de las más exacerbantes es el pánico a priori a los reportajes y entrevistas a mujeres candidatas o -peor aún- a las esposas de los aspirantes. Son cada vez peores. Vamos, son de terror. Moda, cirugías plásticas, estatus amorosos, confidencias domésticas, recetas predilectas, el cuento de cómo se conocieron. Cómo olvidar a aquella esposa independentista que, en las últimas elecciones, nos sorprendió con una inaudita facilidad de palabra para contar sus intimidades, dejándonos saber que la pareja de patriotas gustaba de hacer el amor al aire libre en los cayos de La Parguera.

A pesar de la sexualidad manifiesta de muchas, estas mujeres están siempre, “en lo personal”, en contra del aborto. “Jamás” se han hecho uno (ajá…).

Siempre me quedo esperando la entrevista en la que la mujer en cuestión se despoja de toda estupidez, o de esa seudo-beatería afectada, y nos sorprende con unas declaraciones realmente radicales. Algo que nos emocione, que nos libere, que altere el estatus de bobería perenne de este país.

En mi lamento estaba cuando, en las páginas de El País, me topé con una mujer de gobierno que (¡al fin!) ha dicho, no sólo que cree en el aborto sino que se ha sometido a dos.

Eleonora Menicucci es la nueva ministra brasileña “sin miedo”. Así conocen ya en el mundo a quien dirigirá la secretaría de políticas sobre las mujeres en un país donde, hasta la presidenta actual, siendo feminista, tuvo que prometer no tocar el tema del aborto para poder ganar las elecciones.

“Cómo voy a tener miedo a defender mis ideas después de lo que pasé en manos de los militares”, ha dicho Menicucci, guerrillera contra la dictadura en los años setenta. “A mi hija de un año y ocho meses la torturaban ante mis ojos”. Cómo tener miedo.
Aquí, las doñas, emperifollás, dirán que quieren cambiar las cosas. Pero cómo cambiarlas si se tiene miedo. Alguien tendría que estar dispuesta a liberarse. Tal vez este año ocurra el milagro.