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Wednesday, March 30, 2016

Esposas



No es fácil ser feminista practicante. Un buen día te encuentras criticando excesivamente el traje de la “primera dama”. Sabes que es abominable lo que haces, no solo por lo superficial sino porque nadie critica las corbatas ni camisas de los hombres (tampoco son tan interesantes, de acuerdo). Mucho menos la figura. Pero no puedes contenerte. Es una fuerza de la que no puedes escapar. Aclaro que no critico pesos ni cuerpos. De hecho, la primera dama es una mujer bellísima. Critico un traje feo si lo veo insistentemente por todos los medios del País y lo hago a modo de estricta broma.

Sin embargo, lo del traje de Wilma solo me recuerda que ya mismo empiezan los reportajes de las candidatas a “primeras damas”, las sesiones fotográficas vestiditas todas en colores virginales y sus insufribles entrevistas sobre “los nenes”, los defectitos adorables de sus maridos y las historias de cómo se conocieron (en la iglesia o escuela, por supuesto), cómo se hicieron novios y, por supuesto, se casaron, que no hay desenlace más honorable para la administración del amor.

Creo que, antes de que empiecen estas tradicionales baboserías de año electoral, todos y todas (periodistas, directores de campañas, mujeres, hombres, candidatos, candidatas) debemos repensar cómo podríamos hablar del rol de estas mujeres en la vida política sin convertirlas en un grupito de bobas con un discurso de parque infantil, no apto siquiera para una revista de ideas para la decoración. Estoy segura de que estas mujeres no son ningunas bobas, lo cual empeora la situación pues hasta las más progresistas se sienten obligadas a actuar como tal. Incluso, estoy segura de que algunas deben ser las primeras asesoras de las campañas. Como suelen ser las parejas en relación a los proyectos de uno y otro.

Tengo buenas noticias. Al menos esta vez nos vamos a ahorrar dos suplicios de estos gracias a las candidaturas de María de Lourdes y la Lúgaro. Así que no todo está perdido. Usemos esta magnífica coyuntura en que tendremos dos mujeres candidatas a la gobernación para liberarnos por fin del reportaje infantilizante de las buenas esposas del mundo.


Sunday, April 21, 2013

Wilma



Me disculpan pero la “primera dama” parece sacada de un episodio de “Father knows best” o cualquiera de esos programas mitológicos de “esposas perfectas” de los años 50.

“Feminismo es una palabra muy fuerte para mí”, dice en su última entrevista. “En casa, Alejandro siempre me ayudó, aun viniendo de un hogar matriarcal en el que la mamá le hacía todo a sus hijos”.

Wilma: un hogar matriarcal no es aquél donde la mamá les hace todo a sus hijos. Usted no necesita de grandes asesores para saber estas cosas básicas. Entre a Wikipedia. En tres líneas se enterará de que “un matriarcado es una sociedad en la cual las mujeres tienen un rol central de liderazgo político, autoridad moral y control de la propiedad”.

Aclarado esto, tengo que preguntarme qué pasó con esta mujer para que balbucee “más libertades para qué” y piense que la palabra feminismo es “fuerte”. Fuerte, Wilma, es el sexismo. Fuerte es el estimado conservador de que 1 de cada 5 mujeres ha sido víctima de abuso sexual mientras 1 de cada 71 hombres ha sufrido lo mismo. Fuerte es tener que lidiar constantemente con extraños masturbándose en la playa y otros lugares públicos, amenazando tu seguridad. Fuerte es que una mujer no pueda caminar por la calle sin que algún hombre le haga un acercamiento sexual no deseado incluyendo tocarla. Fuerte es tener que vivir pensando cómo te vistes, cómo caminas, dónde, con quién, a qué hora, si habrá luz y seguridad porque, sólo por ser mujer, eres presa de algo. Fuerte es que, por más talento y educación que tenga, siempre tengo que trabajar el doble y, aun así, me pagan menos que a los colegas. Fuerte es que, con el feminicidio epidémico de este país, todavía la esposa del Gobernador no sepa hablar de otra cosa que no sean los niños y la casa y, encima, le tema al feminismo, cuya lucha por la igualdad de derechos y condiciones es lo único que puede elevar las vidas de las mujeres.

No sé en qué mundo vive. Más que cualquier epíteto, simplemente habla como si no hubiese salido de su casa en décadas. Lo dijo Gloria Steinem, Wilma: “Las mujeres tienen dos opciones: o son feministas o son masoquistas”.