Wednesday, August 28, 2019

Autoayuda para navegar película casera de 6 meses y todas las crisis al tiempo



Tomé fotos esos meses del huracán. Fotos nimias, nada artísticas, ni siquiera interesantes. Confío poco en mi memoria, y sabía que todo aquello sería irreproducible a lo largo del tiempo. No eran fotos de la destrucción ni de la desgracia. No. Tomé fotos de aquella postración inédita, su languidez, de la oscuridad y la sed, del calor, fotos de la paciencia y el desasosiego. Hasta del tenernos, de los baños fríos a cualquier hora, de una brisita incipiente que en algún momento comenzó a aliviarnos, de la inestabilidad y el no saber nada tomé fotos. Del temor. Luego ya no tomé fotos de todo lo que empezó a surgir. Los huracanes los recuerdo siempre como épocas suspendidas de la vida, un tiempo de acción lenta y memorable que yo sé que un día, dentro de muchos años, aún invocaré casi sin audio -apenas alguna palabra clave lanzada entre escenas sin editar- como una película casera y vieja que solo alguien de su tiempo insiste en observar. 
Aún así, este huracán no tiene equivalente en mi memoria. Ya van seis meses que parecen seis años. Tengo luz desde noviembre. Una dice eso hoy día y te acusan de privilegiada. Hay algo ahí. Divago. Decía que van seis meses. Otro anciano murió en Morovis el día que se cumplió ese medio año. Necesitaba un respirador artificial y su comunidad está “sin luz desde Irma”, una frase que se ha vuelto la más extrema, realmente abominable.
Una de las cosas más violentas del mundo es tener que continuar la vida diaria sabiendo todo lo que ha pasado. Sabiendo que viejos y viejas han muerto de sed, de hambre, de falta de atención médica en nuestro país porque no hubo ayuda a tiempo. Eso no tiene perdón. ¿Quién va a hacerse responsable de lo que ocurrió aquí? ¿Cómo ha podido ser? ¿Eres de quienes se culpabilizan diciendo que lo hemos permitido? ¿O eres de quienes recuerdan que nosotros mismos, eso llamado “el pueblo”, “las comunidades”, “la gente”, fuimos los únicos que evitamos una hecatombe mayor? ¿Realmente podíamos evitar este desastre? ¿Cómo? ¿Convenciendo a alguien de otra cosa? ¿Escribiendo, repartiendo miles de boletines? Es cierto que los muertos hubiesen sido muchísimos más, de no ser por las miles de personas que se movieron aquí y allá para ayudar. ¿Pero y qué tal la gente que no estaba muerta pero ya vivía muy mal? Gente a la que se le fue el techo pero tú llegas a su casa y sabes que allí ya se malvivía, se subsistía a muy duras penas desde antes. Las ciudades son un fenómeno escondiendo la pobreza.   
Aún quienes ya tenemos luz, todavía estamos resolviendo cotidianamente los efectos de ese y todos los huracanes subsiguientes. Pero este tampoco es el punto. Busco decir que esa película vieja, casi muda, no se me borra de la sensacionalidad. Hay un mareo, un vacío que vuelve bastante. A menudo regreso a ese tiempo suspendido, a los episodios lacónicos, a la incredulidad más lenta del universo.
Hace años vengo escribiendo sobre cómo la felicidad en nuestro país es un asunto cada vez más privado. Por años invertimos en ampliaciones de terrazas, barbacoas, sillas sobre sillas de plástico, hasta piscinas o parcelas cerca de la playa o el campo. Pero el punto es que invertimos en todo eso a falta de una inversión pública en proyectos colectivos.
Ahora, las ruinas de aquel país que fuimos dejando afuera nos subrayan esa condición de la parcela privada, de la felicidad a puerta cerrada, íntima, a cuentagotas, en que hemos vivido por años. Nuestras crisis (económicas, fiscales, políticas, sociales) ahora llevadas más allá del límite con los efectos de la negligencia crasa ante el desastre climático, son mucho más monstruosas que esas terrazas y marquesinas con sillas plásticas que habíamos armado. Ya rompieron puertas y ventanas, otras se colaron por las grietas y rendijas, pero inundaron nuestros aposentos. Nuestras crisis son fatales pero tienen algo peor que su propia naturaleza: una administración pésima, violenta, infrahumana, insostenible. 
Al menos de mi parte, ha ocurrido lo que nunca pensé: ahora me la paso leyendo artículos sobre cómo evitar deprimirse con todo lo que está pasando (en el mundo, en EEUU, en Puerto Rico). Yo, que toda la vida hablé con tanto desdén de la literatura de autoayuda, ahora colecciono estos artículos, a mi (nuevo) entender valiosos. Para contrarrestar el pudor con entereza, he ido armando mis propios consejos, que compartiré con ustedes solo para darle a este artículo un tono un chin menos tétrico, una nota de futuro. Ojalá puedan añadir sus propias estrategias de autoprotección y lucha para otro presente.  


                                

1.    Recordar y honrar a nuestros ancestros luchadores. Ellas y ellos pasaron por mucho más que esto. A los míos, los honro a diario. A veces es tan mala la situación, que debo honrarlos a cada hora, en cada momento. Parte de honrarlos es también consolarme con que no estén aquí sufriendo este tiempo tétrico.


2.    Proteger nuestras relaciones. Lo más preciado que tenemos son nuestras buenas relaciones: el amor, la familia, las amistades. Hay que cuidarlas, darles el tiempo y la importancia que tienen.  


3.    Organizar la rabia, el dolor, la indignación. No actuemos a solas. Busquemos unirnos a algún grupo u organización aunque sea pequeño o crea uno propio. Aporta tu talento y tu malestar a una de las múltiples causas que nos han dejado las crisis.


4.    Puerto Rico tiene hoy una lista larga de enemigos reales. Es importante ser críticos entre nosotros pero, en este momento, enfocarse y no desperdiciar la energía es vital. Hay que mantener los cañones enfilados hacia esos enemigos, no hacia los amigos ni hacia la gente que lucha ni hacia organizaciones que a lo mejor no te gustan o no te inspiran confianza pero que, definitivamente, no son los enemigos.


5.    No es momento de aspirar a la perfección. Tampoco es momento de vivir vicariamente el proyecto que siempre quisiste crear y no has creado, mediante la crítica minuciosa y constante a un proyecto similar. Cada grupo y organización tiene un rol, un propósito. No podemos pretender que esos roles y posiciones sean todos los mismos ni que ciertos grupos asuman la agenda que nosotros entendemos deben asumir. Cada quien va a actuar según su agenda y esta no necesariamente coincidirá con las demás. Lo importante es poder buscar lugares lo suficientemente comunes en esas agendas diversas.


6.    En estos días trato de tener más compasión con la gente cercana, con colegas, compañeros e incluso con gente con la que difiero pero cuyo trabajo es importante y merece respeto. De nuevo, a veces me pierdo pero trato de guardar toda mi ira y malestar para atacar (de distintas formas) a los que atacan la integridad y posibilidad de nuestro País.


7.    Bajarle 2 (o 10) a la inmersión en las redes sociales ayuda mucho. De nuevo, hay que guardar y enfocar bien las energías y las redes consumen demasiada, muchas veces sin un fruto lo suficientemente sustantivo.  


8.    Hay que buscar la esperanza donde sea que esté. Hay muchos grupos y organizaciones haciendo una gestión extraordinaria. Apoyémoslos. Toda ganancia es buena y, si crece o es constante, puede ser inspiradora. 


9.    Hay que obligarse a hacer las cosas sencillas que a una le gustan y le ayudan a sentirse mejor. Hacer ejercicios, ir a la playa, explorar la naturaleza, caminar un poco para despejar la mente, subir una montaña, leer, tomarse un café con alguien, hasta darte un baño largo. 

Compartir lo que tenemos. Hay mucha gente pasando necesidad. En momentos así, es bueno pensar en la red de la araña. ¿Qué puedo hacer por esta persona para ayudarla a no caer? No hablo solo de cosas materiales. Hablo de apoyo emocional, atención médica (si eres médico o enfermera, por ej), acompañamiento, hacer comida de más y compartirla, pagar un café pendiente si puedes hacerlo.

Wednesday, January 23, 2019

Vivir en el tiroteo: entre el colapso y un torrente


Lo más espeluznante para mí siempre es cómo todo continúa como si nada hubiese pasado.

Últimamente me exalto menos con las ráfagas de tiros de madrugada, a veces a plena luz de la mañana. Son casi siempre semanales. A veces, diarias. Antes se me ponía el corazón a mil y me daban ganas de llorar. Todavía me asusto mucho y no me atrevo a abrir los ojos; siento que suben las escaleras y se van acercando. Pero ahora, a veces, ya no tengo ni que comentar lo sucedido. En casa ya sabemos. No hay que decir lo obvio. Lo terrible es ese silencio, los sonidos tenues de la normalidad a la que se vuelve después de cada ráfaga de lo que me dicen son metralletas, armas semi-automáticas, yo qué sé. No son pistolas como las que usaban los Ángeles de Charlie que yo veía de niña en los años ochenta, sometida a la dictadura televisiva de mi abuela. Esto es otra cosa. Pasan las ráfagas; todavía no sabes si alguien ha muerto, cuando vuelves a escuchar los carros recorriendo la avenida, algún gallo que canta a esta altura de Santurce pero, en general, el silencio del viento citadino.

Me sigue intimidando casi como el primer día el malanteo de la mañana en la esquina de mi calle; los muertos semanales que terminan apilados en el mismo barco de la sub-memoria colectiva, que muchas veces se reduce a un calce breve en una nota de novedades policiacas. Casi siempre es un muchacho el que muere. A veces ni siquiera lo nombran. No dicen mucho, excepto que a menudo se da por sentada su pertenencia al “bajo mundo”. Antes, el bajo mundo era por allá. No muy lejos pero en otra parte. Ahora el bajo mundo está más cerca. Pero es peor aún. Porque a todos esos muchachos los pintan como delincuentes. Randy Torres López, el de Fajardo que la Policía mató hace apenas unos días, lo pintaron como un gran criminal. Y ahora dice su abuela y otra gente de su barrio que estaba de espaldas y desarmado. Son muchos los casos como ese.

Pero matan al muchacho y todo sigue como si nada. El mismo sonido de fondo de todas las mañanas de tu vida. Te vas a hacer café y a buscar en las noticias si se reportan muertos. Laurita encontró uno frente a su casa un día en la calle de atrás. Se mudó. San Juan no está fácil.

Después te dicen que te relajes, que no hay una crisis de seguridad en tu país, que eso ha sido así siempre. Bueno, pues resulta que yo solo vivo una vez. No fui una mujer de 40 años en 1989. Soy esa mujer ahora. Ahora es que me toca y me duele y me aterra. Y escucho tiros prácticamente todos los días. Son parte de la banda sonora de mi vida. San Juan no está fácil pero no tengo intención alguna de vivir en otro lugar. Hay algo que tal vez no tiene nombre aún, esa sensación de acercarte a casa. Siento eso tan pronto cruzo el Caño Martín Peña en la autopista y veo esa línea de nubes y un cielo que siempre me deja sin aliento tras unos edificios muy familiares.

Lo que poco se dice es que los números de asesinatos se han reducido pero la población también. La tasa de homicidios de Puerto Rico es de 20 por cada 100,000, según medios de prensa extranjera. Cuatro veces mayor que en Estados Unidos, y más similar a países como México.

El porciento de casos esclarecidos el año pasado fue de 23% según se anunció recientemente. Hay regiones como la de Carolina donde es 11%. Si la Policía actuara legal y profesionalmente, podría ser efectiva contra el crimen pues “se les caerían” menos casos por arrestos, registros o allanamientos ilegales. Solo una policía profesional y constitucional puede atacar la impunidad de la delincuencia. Una Policía corrupta, represiva, misógina y violenta como la nuestra es uno de los grandes impedimentos para el desarrollo.

II.

Crecer se siente como una gran liberación. Y ahora pienso que, en un momento de la vida en que finalmente crecemos, cuando nos vamos liberando de tantos miedos, resulta que tenemos que adoptar otros nuevos, miedos compulsorios: el miedo a caminar por la calle ‘equivocada’, el miedo a ir al gimnasio o a hacer ejercicios por la playa, en el parque. Miedo a transitar la Baldorioty sin un chaleco a prueba de balas. Pero miedo también a no llegar a viejos, a no saber qué haremos si nos enfermamos o si se enferma alguien de nuestro entorno que carece de protecciones mínimas como un plan médico; miedo a no tener donde enviar a los niños a la escuela, a que los jóvenes no encuentren cómo pagar una universidad, a no saber hacia dónde crecerán los niños y niñas, que constituyen el grupo más pobre del País, más del 50%.

De verdad pregunto: ¿Cuántos niveles de diferencia existen entre el asesinato a tiros de un joven a plena luz del día y el régimen de austeridad cuyo saldo es que no haya servicios de emergencias médicas cuando alguien sufre un infarto, o el cierre de escuelas o el aumento de más de 100% de la matrícula de la Universidad pública, de la que miles de estudiantes tienen que darse de baja? No digo que una sea mejor que la otra. Ambas son tétricas, atroces; violencias post-límite. Pero la primera es un efecto agrandado de todas las demás. No digo que una sea más o menos dramática. Digo que, cuando hablemos de violencias, las nombremos todas. Que tanto me aterran unas como otras porque ambas atentan contra nuestras vidas.

Y digo que no, no es la misma violencia de siempre. La de hoy es una violencia del colapso, del desastre. No solo es una violencia expuesta, frontal, de causa y efecto. También es la violencia de un Estado al que le están fallando todos sus órganos vitales a la vez.

He dicho Estado y no País con toda intención. Porque mucho nos ha cambiado el país. Los países cambian, lo que pasa es que el nuestro no ha cambiado hacia el desarrollo sino todo lo contrario. Pero nada de esto, ni siquiera el miedo, me ha supuesto menos amor y devoción a nuestras islas. Donde hay lucha, hay vida y existe la posibilidad de una más grande y hermosa. Entre los tiroteos de Santurce también convive todo lo que más amo en el mundo: mi gente, el mar, la escritura, los libros, la calle, la música, el baile, las cervezas, la comida compartida, los cocos fríos.

La patria es un lugar profundamente emocional, personal. No puede llegar a ese lugar tan hondo la mano de un Pesquera, de unos buitres, de un asqueroso Trump. A mi patria no llegan las aves de rapiña. Juan Gelman decía “mi patria es mi lengua”. La mía es el arquetipo; una especie de sistema linfático que, como un río oculto, lleva el torrente de esta isla.



Esta columna se publicó originalmente el 23 de enero de 2019 en la sección Será otra cosa de En Rojo, Periódico Claridad. 

Friday, August 3, 2018

La represión en crisis

La represión está en crisis. Es un cuento tan viejo que hasta los débiles de espíritu, esos que nunca se acercan siquiera un poco al fuego, la reconocen a legua. Pero también sufre de una torpeza extrema. Siempre me pregunto por qué, con tanta experiencia, todavía las cosas le salen tan mal a la represión. ¿Por qué los represores nunca ejecutan sus planes nefastos con agudeza, como en las buenas novelas de vampiros, las obras shakespeareanas o hasta las películas de El padrino? No, las más de las veces, son tan burdos que una no puede evitar cuestionarse su más mínima capacidad.

El mismo día en que confronta a congresistas por la descolonización y soberanía energética del País, arrestan selectivamente y fabrican un caso a Arturo Massol, líder de la victoria contra el gasoducto. Casa Pueblo le prueba día a día al País que la energía solar y la autosuficiencia ya son posibles. A los 5 días anuncian la gasificación del País. ¿En serio no pueden defender su poder con algo menos evidentemente sucio y chapucero que un ataque a la reputación en un momento en que lo único que hay de por medio es una pizza y un refresco con una niña?
Recuerdo con nostalgia los tiempos en que escribía unas columnas experimentales y risueñas. Llevo unos años sintiéndome cada vez más obligada a escribir para defender lo obvio. Así ha sido nuestro retroceso político.
Nina Droz está presa y es torturada hace más de 1 año por un fósforo. Ya hemos visto jóvenes arrestados al estilo secuestro por policías vestidos de civiles; estudiantes encerrados días sin abogados ni cargos; apartamentos revolcados sin romper cerraduras ni robarse nada; policías en propiedades privadas cazando muchachos; fabricaciones de casos; policías intimidando en lugares de trabajo, campamentos, en el taller de Papel Machete; citación por decir "malas palabras" en público a un funcionario, gases lacrimógenos a ancianas y niñas. Todo esto en un país donde un ex fiscal asegura que la fiscal federal "manda" a arrestar gente selectivamente. En un país donde se acaba de acusar a una división de la Policía por narcotráfico y corrupción. Donde el 10% de la Policía ha sido arrestada por cargos criminales. En ese país vivimos hoy.

Friday, August 18, 2017

Azul chillón y adefesios florales en el Senado



A mí es que ese azul chillón como de cuartel de Policía me hiere no solo la vista sino la sensibilidad. Me parece espantoso. Y esos arreglos florales gigantezcos como centros de mesas, qué cosa tan grotesca. Parecen los molinos de viento de El Quijote. No sé qué decoradores serán los agraciados con ese contratito pero sentido de escala no tienen. ¿Cómo harían los comensales para verse de un lado a otro de la mesa con esos adefesios floridos atravesados?

Claro, lo más burdo no es el mal gusto sino la ausencia total de pudor y sensibilidad en lo que queda del Senado de Puerto Rico. Mientras se cierran cientos de escuelas, se desmantela la Universidad, el sistema de salud de los pobres, se recortan las pensiones de los envejecientes y la jornada laboral de empleados públicos, la Legislatura sí tiene dinero para restregarle a la gente una fiesta posh(charra), por todo lo alto y en el mismo frente del Capitolio para que todo el mundo los vea. Al momento de entrega de esta columna, no habían divulgado el costo total de su fiestecita, que no solo incluía esos manteles azul chillón satinados y los arreglos estilo molinos de viento sino menú de degustación, carpas transparentes gigantes, lámparas, candelabros, sillas de acrílico, show de luces, entre otras excentricidades.

El presidente del Senado ofreció un discurso muy comecandela contra la Junta de control fiscal. Pero no menciona las veces que le ha hecho el trabajo sucio, aprobando velozmente sus proyectos de austeridad. Mucho menos habla de cómo le cierra las puertas del Capitolio a la ciudadanía para que no pueda incidir, protestar ni participar en las discusiones legislativas de esos proyectos que atentan contra nuestras vidas.

¿Exactamente qué es lo que tiene que celebrar el Senado? La Ley Jones de 1917 creó una legislatura que elegirían los puertorriqueños. Pero el Gobernador (nombrado por EEUU), así como el presidente de ese país, tenían el poder de vetar cualquier ley aprobada por esta ¿Qué ha cambiado desde entonces? En serio: ¿Celebración de qué? De que ahora es la Junta de Washington la que puede vetar cualquier ley aprobada por la Legislatura?

Thursday, August 17, 2017

Bomberos

De vez en cuando ocurre un milagrito en este país. El otro día, un circunspecto y hasta coherente superintendente Caldero admitió que el País había perdido la confianza en la Policía por todos los errores que ha cometido esa institución.
Algo me decía que el general no estaba solo en su laberinto. Su declaración me inspiró a hacer un breve inventario de las agencias gubernamentales que todavía pueden inspirarle confianza al País. Lo pensé mucho. Y como no di con una, consulté a unas amistades que guardaron un silencio prolongado ante la pregunta. Les serví un poco de vino para que expandieran su radio de análisis. Fuimos agencia por agencia, primero en orden alfabético, luego por orden de necesidades y, finalmente, según el perfil mediático de cada una.
Fue con esta última metodología que llegamos a la conclusión de que la única institución de Gobierno en la que creemos que el País aún tiene su buen ápice de confianza es en los bomberos. Al menos, me aseguraron los amigos, todavía llegan a las comunidades y los niños salen a conocerlos y explorar los camiones bomba. Y existe una noción más o menos general de que, si se prende un fuego, ellos harán todo lo posible por apagarlo.
Para que un país pueda implantar sus políticas exitosamente, necesita contar con la confianza de su ciudadanía. Cuando no existe una base de confianza, el Gobierno puede inventarse la genialidad más grande y nadie va a creer en ella. Las políticas requieren de un estado gestor, pero también de una ciudadanía activa que asuma y corresponda.
En Puerto Rico, ante la falta perenne de confianza, ya es hábito recurrir al gasto publicitario y a la gobernanza mediática como procesos sustitutos de creación de credibilidad. El doblaje de mangas, la fábrica como escenografía, el acto siempre diseñado para los medios y no para el rendimiento de resultados parecería que aplacan el escenario más que centenario de la suspicacia, cuando en realidad lo que hacen es encenderlo.
Así, pensando yo acá, tal vez en el fondo no sea casualidad esto de los bomberos.

Sunday, June 19, 2016

Parto



“Las señales” de Washington, dicen. Como si estuvieran enviando claves, humo, hablándonos en códigos. Las ‘señales’ son mensajes directos y explícitos. Me he preguntado por qué me afectan tanto los últimos acontecimientos. Si a mí nadie me engañó. Hace años sé que EE.UU. ejerce un poder absoluto, ilegal e impune sobre nuestro país. Llevo mucho tiempo recibiendo esos mensajes directo al hígado. ¿O qué fue lo que pasó cuando el FBI vino a Puerto Rico, formó un cerco y asesinó a Filiberto Ojeda Ríos hasta dejarlo desangrar frente a todos nosotros? ¿Qué ha sido si no un abierto abuso de poder y humillación la negativa de excarcelar a Oscar López Rivera, a quien también han querido dejar desangrar en la cárcel? 
Lo único nuevo es que las tres ramas del gobierno yanqui expresan al unísono lo que siempre ocultaron con tretas demagógicas. Lo que el independentismo viene denunciando desde la época de la pera. 
¿Por qué entonces me duele? ¿No era esto lo que queríamos? ¿Una aceptación pública? 
Me afecta porque no confío en los políticos pusilánimes de este país, que son la estampa viviente del cordero degollado. Ninguno de los candidatos de los partidos mayoritarios será capaz de aprovechar esta coyuntura para llevar el País a término. La analogía obstétrica se cae de la mata. El feto está ahí. No puede ni permanecer en el útero toda la vida ni desaparecer sin más. O se lleva a término o se aborta. Ninguno de los dos posibles gobernadores tiene la capacidad para poner al País a parir una solución a su conflicto histórico. Por el contrario, a pesar de su juventud cronológica, uno representa el lado más oscuro y retrógrado de nuestra sociedad. El otro, el más cobarde y mojigato. Ambos comparten gran vocación para la hipocresía. 
Los independentistas volvemos a la ONU el lunes, como cada año. Y el jueves, un grupo de artistas y ciudadanos haremos el dîner de noir para celebrar la muerte del ELA y protestar contra la junta neoliberal frente al Capitolio. Pero ya estos actos no son solo simbólicos, catárticos. Gústenos o no, ahora le competen a usted también. Pregúnteselo: ¿Qué hacemos para parir, finalmente, un país de verdad?

Wednesday, March 30, 2016

Esposas



No es fácil ser feminista practicante. Un buen día te encuentras criticando excesivamente el traje de la “primera dama”. Sabes que es abominable lo que haces, no solo por lo superficial sino porque nadie critica las corbatas ni camisas de los hombres (tampoco son tan interesantes, de acuerdo). Mucho menos la figura. Pero no puedes contenerte. Es una fuerza de la que no puedes escapar. Aclaro que no critico pesos ni cuerpos. De hecho, la primera dama es una mujer bellísima. Critico un traje feo si lo veo insistentemente por todos los medios del País y lo hago a modo de estricta broma.

Sin embargo, lo del traje de Wilma solo me recuerda que ya mismo empiezan los reportajes de las candidatas a “primeras damas”, las sesiones fotográficas vestiditas todas en colores virginales y sus insufribles entrevistas sobre “los nenes”, los defectitos adorables de sus maridos y las historias de cómo se conocieron (en la iglesia o escuela, por supuesto), cómo se hicieron novios y, por supuesto, se casaron, que no hay desenlace más honorable para la administración del amor.

Creo que, antes de que empiecen estas tradicionales baboserías de año electoral, todos y todas (periodistas, directores de campañas, mujeres, hombres, candidatos, candidatas) debemos repensar cómo podríamos hablar del rol de estas mujeres en la vida política sin convertirlas en un grupito de bobas con un discurso de parque infantil, no apto siquiera para una revista de ideas para la decoración. Estoy segura de que estas mujeres no son ningunas bobas, lo cual empeora la situación pues hasta las más progresistas se sienten obligadas a actuar como tal. Incluso, estoy segura de que algunas deben ser las primeras asesoras de las campañas. Como suelen ser las parejas en relación a los proyectos de uno y otro.

Tengo buenas noticias. Al menos esta vez nos vamos a ahorrar dos suplicios de estos gracias a las candidaturas de María de Lourdes y la Lúgaro. Así que no todo está perdido. Usemos esta magnífica coyuntura en que tendremos dos mujeres candidatas a la gobernación para liberarnos por fin del reportaje infantilizante de las buenas esposas del mundo.