Friday, October 16, 2009

Tigrecito



No es propiamente el acto de insultar lo que me atribula; ni siquiera el tono tan infantilón del altisonante Marcos Rodríguez-Ema: (“¡Terroristas! ¡Bu!”). Se trata más bien del trasuntito tan ordinario en el improperio seleccionado por este señor. 


Insultar tiene su arte. Elegir la palabra exacta, la más hiriente, la de más ridícula connotación conlleva una gustosa perversidad. Si un funcionario va a insultar a alguien en público, lo menos que una espera como ciudadana es que lo haga con inteligencia. Si tal cosa fuera muy cuesta arriba (como sería el caso del Secretario de la Gobernación), una por lo menos esperaría agudeza, chispa, creatividad. Pero qué va. Este Gobierno, tras que es burdo, mediocre y corrupto, es para colmo más soso que un huevo sin sal.


Discúlpenme la nostalgia, pero me pregunto a dónde han ido a tener los insultos más sublimes.


“Terroristas”. Qué zanganería, por Dios. La palabrita, tan elemental y absurda, no podría estar más “passé”. Y con tanto terrorismo que hemos visto ya en el mundo, quién puede tomarse en serio el desvarío del Secretario.


Sueño con el momento en que Rodríguez-Ema se consiga un escritor de guiones con bagaje y suspicacia. Que lea sobre Oscar Wilde, Winston Churchill, Luis de Góngora, quienes crearon insultos fascinantes. (“Tiene todas las virtudes que aborrezco y ninguno de los vicios que admiro”, dijo Churchill). Búsquelos, los grandes insultos de la historia aparecen en Internet.


Pero volviendo a este señor, Rodríguez-Ema. Cuando una piensa en alguien que va a insultar a un grupo de camioneros, se imagina a una persona que -ya sea con el fronte o con la inteligencia- puede superar la robusta naturaleza de este gremio.


La bravuconería de Rodríguez-Ema, sin embargo, me parece levemente forzada, como afectada; de una pusilanimidad algo sutil, pero no menos sugerente y manifiesta.


Me recuerda algo que dijo una vez Mao Tse Tung sobre el imperio estadounidense. “Es un tigre” -dijo- y a mí Rodríguez-Ema me parece exactamente lo mismo, un tigrecito.


Pero -tal y como dijo el líder chino- es “un tigre de papel”.


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